El Museo de la Moda es, ante todo, una mansión extraordinaria: la casa Yarur despliega una arquitectura modernista de proporciones generosas, jardines que contradicen la imagen gris de Santiago y rincones que invitan a detenerse mucho más allá de cualquier exposición. El momento cumbre llega cuando la exhibición temporal acierta, y aquí el museo ha sabido apostar fuerte: el vestido de novia de Lady Di, los objetos de Kurt Cobain o el universo de Amy Winehouse han producido visitas que la gente recuerda con emoción genuina. El reparo no es menor: la colección de más de 17.000 piezas no existe para el visitante, porque nunca está en sala, y cuando la exhibición temporal es pequeña, el precio de entrada se siente injusto. A eso se suma que el museo cierra de forma intermitente sin comunicarlo con claridad, algo que se repite y no es aislado, así que vale tenerlo en cuenta. Confirmar horario y exposición vigente el mismo día es una precaución razonable antes de hacer el viaje.
Mira, tenemos aquí una casona que guarda 15.000 prendas de celebridades y que - lo importante - cambia la exhibición cada tres meses porque los textiles se deterioran, ¿viste? El laboratorio textil chileno más serio del país funciona ahí adentro
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