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Cantinas del Centro Histórico: 6 que valen y cómo armar la ruta
Gastronomía

Cantinas del Centro Histórico: 6 que valen y cómo armar la ruta

9min lectura mayo 2026

De las cantinas del Centro Histórico que vale la pena recorrer, hay seis que tienen algo real detrás del mostrador: historia documentada, trago consistente y un ambiente que no se fabrica en una tarde. El resto —y hay varios— cobran la dirección y nada más. Eso no es un juicio severo; es simplemente el resultado de filtrar con criterio lo que existe de lo que apenas subsiste.

El problema con la mayoría de las guías de cantinas no es que mientan: es que omiten el orden. Te dicen qué visitar pero no cómo encadenar las paradas sin cruzar Madero tres veces ni terminar la noche a doce cuadras de donde empezaste. Un buen recorrido de cantinas funciona como una cocción lenta: cada paso tiene una razón, y el resultado depende de no saltarse la secuencia. Bar Mancera y Tío Pepe son el núcleo de esa secuencia —lo demás se articula alrededor de ellos, no al revés.

Lo que encontrarás aquí es la selección concreta y el orden lógico para recorrerla. No se cubre todo lo que existe —hay lugares con nombre reconocido que no pasaron el filtro de verificación y no aparecen— y esa omisión es parte del criterio. El ambiente en el Centro cambia por hora, por día y por tramo de calle; saber cuándo llegar a cada parada vale tanto como saber a cuál ir.

Las cantinas del Centro Histórico que tienen historia detrás del trago

No toda cantina con letrero viejo merece estar en una lista. Hay lugares en el Centro con más fama que sustancia — espacios que viven del mito y cobran como si el mito fuera suficiente. Esta selección omite deliberadamente varios nombres que circulan en las listas de turismo: si no están aquí es porque el ambiente no resistió la visita o porque simplemente no hay datos verificados que los respalden. Lo que sigue son tres lugares que sí cumplen, cada uno por razones distintas.

Tío Pepe Cantina

Tío Pepe es una cantina que funciona como deberían funcionar todas: barra larga, luz filtrada, conversaciones que no compiten con música amplificada. La tradición centenaria no es decorado — está en la madera, en la forma en que el cantinero sirve sin preguntar dos veces y en el ritmo pausado del lugar incluso cuando está lleno. Para comer, los botanas que acompañan el trago son el motivo real de volver; para beber, la cerveza y el mezcal son el eje, sin pretensiones de carta de autor. Lo que encontrarás aquí no es novedad — es continuidad, que en una cantina vale más.

Bar Mancera

Mancera tiene carácter literario en el sentido concreto del término: el espacio ha alojado escritores, periodistas y políticos desde mediados del siglo XX, y eso dejó una textura que no se replica con decoración. La barra es funcional, el ambiente es oscuro sin ser lúgubre, y el servicio opera con la economía de movimientos de quien lleva décadas en el oficio. No es un bar de cócteles elaborados ni pretende serlo — es una cantina donde el trago existe para sostener la conversación, no al revés.

Roldán 37

Roldán 37 no es una cantina en el sentido estricto, y conviene decirlo antes que después. Es un restaurante de comida mexicana con cócteles de autor — entre ellos uno con chapulines que no aparece en ningún otro menú del barrio — y música de tríos en vivo que ancla el ambiente en una época definida. Los chiles en nogada y la sopa de tortilla tienen ejecución cuidada; la ambientación, que va de los detalles en la mesa hasta la selección musical, demuestra criterio. El reparo honesto: la temperatura de los platos falla con más frecuencia de lo que debería — las sopas y los platos fuertes llegan tibios, y en más de una mesa se ha pedido que los vuelvan a calentar. Es el tipo de detalle que no arruina la noche pero que un lugar con ese nivel de atención al resto no debería dejar pasar. Si entras sabiendo eso, Roldán 37 cumple la función de cantina con cocina sin decepcionar.

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Cómo armar la ruta de cantinas: orden, distancias y qué comer en el camino

La lógica geográfica dicta el orden: empezar en el eje Madero/5 de Mayo y desplazarse hacia el sur. No porque sea la tradición, sino porque tiene sentido — las cantinas más antiguas están concentradas en esa franja, y bajar hacia Arcos de Belén al final del recorrido evita que cruces el barrio dos veces cuando ya llevas encima un par de tragos. Hay un principio básico en cualquier ruta bien armada: el movimiento debe costar la menor energía posible. Aplicado aquí, significa que la geografía decide el orden y tú decides el ritmo.

La parada de absorción: cuándo y dónde comer en el camino

Entre la segunda y la tercera cantina es donde la mayoría improvisa mal. Lo que necesitas en ese punto no es un restaurante de mantel; necesitas algo concreto, rápido y que haga el trabajo. Tacos Los Paisas cumple ese rol mejor que cualquier otra parada en la ruta. Las carnes están bien cocidas, los tacos son generosos, y hay opción de agregar un guiso extra que sube notablemente el nivel del plato. Un dato que conviene saber antes de llegar: solo aceptan efectivo. Hay cajeros en la zona, pero si llegas sin billetes al momento del hambre, la experiencia se complica innecesariamente.

Si la tarde se extiende a la noche

Hay un punto en el recorrido donde la cantina deja de ser suficiente y conviene hacer una pausa gastronómica de otro nivel. El Casino Español de México justifica la desviación aunque no sea cantina — y eso merece decirse con claridad. El edificio es una razón válida para entrar incluso antes de ver la carta: el espacio pertenece a otra escala arquitectónica. La cocina tiene sus variaciones de ejecución según el plato, pero el jamón serrano, las croquetas y el pulpo son consistentes. Es una pausa, no un destino terminal; entra, come bien, y retoma.

Lo que deliberadamente no entra en esta ruta es el Turibus. Si lo que quieres es libertad para quedarte más tiempo donde el ambiente lo merece — o salir cuando no — un recorrido en autobús fijo destruye esa posibilidad. Para planear el día completo en el Centro Histórico con criterio de tiempo y presupuesto, hay mejores marcos que el tour organizado. La ruta de cantinas funciona precisamente porque no tiene horario de salida.

Mercado San Juan Arcos de Belén: el nodo gastronómico al sur de la ruta

El Mercado San Juan Arcos de Belén queda al sur del eje cantinero, lo que lo convierte en un cierre natural de la ruta: no hay que desviarse, solo seguir bajando. La lógica es simple — terminar en un lugar donde la comida sostiene lo que el trago empezó.

La Cocina de San Juan

Dentro del mercado, La Cocina de San Juan es el punto más directo: cocina de mercado con presentación más cuidada que el promedio, sin el ruido de un patio grande. No es el lugar con más variedad del barrio, y eso hay que decirlo — quien busca diversidad de cocinas bajo un mismo techo tiene mejor opción dos cuadras más adelante. Pero si el objetivo es comer algo concreto y bien ejecutado sin tomar muchas decisiones después de dos o tres cantinas, cumple con exactitud.

Para más variedad, el Mercado Independencia amplía el mapa: cocina coreana, oaxaqueña, italiana, tacos, crepas, cerveza artesanal y música en vivo los domingos. El costo promedio ronda los 350 MXN por persona (alrededor de 20 USD), según registros recientes de visita.

Coox Hanal como alternativa yucateca

Coox Hanal opera sobre un principio que pocos restaurantes del barrio sostienen con consistencia: cocina regional sin concesiones. El chamorro yucateco y la sopa de lima son el núcleo, y funcionan tanto como apertura antes de las cantinas como cierre después de ellas. Con música en vivo incluida, el ritmo del lugar invita a quedarse más de lo planeado.

Hay un detalle operativo que conviene saber antes de llegar: la fila de espera puede extenderse 30 minutos en hora pico, y la persona en la entrada habla en voz baja al llamar las mesas. Si no estás atento, te saltean sin aviso. No es un problema del lugar en sí, pero cambia el cálculo de tiempo si la tarde ya está ajustada.

Antes de ir: lo que conviene saber sobre horarios, días y presupuesto

Entre semana es la opción más sensata. De martes a jueves, las cantinas tienen su ritmo natural: parroquianos de oficio, conversación en volumen razonable y mesas disponibles sin espera. El fin de semana cambia la ecuación — más ambiente, también más ruido y más probabilidades de quedarte en la puerta de Coox Hanal formado media hora. Si vas un sábado, registra tu nombre en la entrada y no te alejes del área de espera: la hostess habla muy quedito, y ya hay registros de mesas que se saltaron por no estar cerca cuando llaman.

Para el presupuesto, la ruta completa de seis cantinas ronda los 400–700 MXN por persona (23–40 USD), asumiendo una copa o cerveza por parada y algo para picar en el camino. Tacos Los Paisas solo acepta efectivo — dato confirmado y que vale tener presente antes de salir, porque improvisar un cajero a media ruta interrumpe el ritmo. Hay uno en el Oxxo más próximo, pero es un paso extra que se evita si vas preparado.

Si el día se extiende hacia gastronomía completa, considera de 900–1,400 MXN (51–80 USD) con plato principal incluido. Para calcular bien el tiempo entre paradas, la ruta del Centro Histórico CDMX en un día tiene los horarios por zona con más detalle.

El criterio es simple: Bar Mancera y Tío Pepe son el núcleo de cualquier ruta de cantinas del Centro Histórico. Tienen el trago, tienen la arquitectura del siglo pasado intacta, y tienen el ambiente que no se fabrica: se acumula con décadas de parroquianos. Si el objetivo es ese registro específico —cantina, barra, conversación sin apuro— esos dos puntos justifican la tarde completa. No hay que agregar más para que la ruta funcione.

La extensión hacia Coox Hanal o Casino Español de México tiene sentido solo si la tarde se mueve hacia la gastronomía con peso: cocina yucateca con música en vivo en el primer caso, arquitectura de época y cocina española con criterio en el segundo. No son desviaciones menores —cambian el tono completo de la salida. Conviene decidir antes de salir, no a mitad del recorrido cuando ya hay dos cervezas encima. Si solo tienes una tarde y el hambre no es el punto central, quédate en el núcleo. Si tienes tiempo y apetito, la extensión sur hacia Arcos de Belén es el movimiento lógico. El orden importa; el ritmo, cada quien lo negocia.

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Tomás Errázuriz
Sobre el autor

Tomás Errázuriz

Clasicista sin paciencia para la pretensión. Respeto absoluto al ingrediente crudo, cero tolerancia al show. Cuando algo finge ser bueno, lo dice. Cuando tres ingredientes bien tratados ganan, también. La naturaleza es la artista; el cocinero solo no estorba.