Tío Pepe es una reliquia viva: abrió en 1869 y lo parece, con su barra de madera original, techos ornamentados, puertas de salón y booths desgastados que no piden perdón por su edad. Entrar es caer en otro siglo, literalmente, y esa es exactamente la promesa que cumple. La margarita con limón exprimido al momento y la selección de mezcales son los argumentos líquidos más sólidos; el servicio, descrito una y otra vez como amable y sin aspavientos, completa el cuadro. No hay comida y cierra a las diez de la noche, dos datos que conviene tener claros antes de llegar. Los cócteles de café han decepcionado a más de un visitante y conviene evitarlos. Todo lo demás, incluyendo los precios, está a la altura del lugar más irrepetible del Centro Histórico.
No sirve para comer, pero los cócteles y mezcales en una barra de 1869 que parece intacta valen la parada. El servicio es genuinamente amable y los precios están bien. Evita los cócteles de café: no funcionan. Cierra a las diez
Qué pedir
Pide la margarita clásica con lima fresca; el mezcal de la casa también es sólido y bien valorado.
Reservar
No se menciona sistema de reservas; llega directamente, preferiblemente fuera del horario pico de fin de semana.
Rango de precio
Precios económicos: mezcales y cócteles clásicos a costos accesibles, sin la tarifa inflada de bar turístico.
Ambiente
Bar histórico de 1869 con barra de madera original, techos ornamentados y booths desgastados; sin comida disponible.