El Palacio de Bellas Artes es una de esas experiencias que justifican por sí solas un viaje a Ciudad de México. La fachada de mármol blanco y la cúpula dorada detienen a cualquiera en la banqueta, y el interior de mármol, ónix y art déco confirma que el edificio es, él mismo, una obra maestra. Los murales de Diego Rivera y Orozco, monumentales y cargados de historia política, exigen tiempo y, de preferencia, un guía: sin contexto, su simbolismo se escapa. Pero el momento cumbre real es el Ballet Folklórico de México: dos horas de vestuarios, música en vivo y danzas regionales que terminan demasiado pronto. El telón de cristal de Tiffany, visible solo desde el teatro, vale por sí solo la entrada. Si el teatro está cerrado por mantenimiento, como ocurrió en algunos períodos recientes, el impacto interior se reduce notablemente. La mejor vista del edificio: el café del octavo piso de Sears, cruzando la calle.
Un monumento a la arquitectura y el arte mexicano El Palacio de Bellas Artes es un recinto cultural que combina arquitectura porfiriana con Art Déco. Su exterior, iniciado en 1904 por Adamo Boari, presenta cúpulas de azulejos naranjas y amarillos en mármol de Carrara. El interior, completado por Federico Mariscal en 1934, despliega geometrías del […]
Cuándo ir
Entre semana evitas aglomeraciones; los domingos con entrada gratuita generan filas largas.
Cuánto tiempo
Reserva 2 horas mínimo; más si coincides con función del Ballet Folklórico.
No te pierdas
Los murales de Diego Rivera; únete a la visita guiada gratuita o perderás el contexto.
Entrada
Acceso general es económico (~95 MXN); el Ballet Folklórico requiere comprar entradas aparte con anticipación.