El Villarrica no es una postal: es un volcán activo que humea, que tiene lava en el cráter y que exige el cuerpo entero para ser conquistado. Seis horas de ascenso sobre nieve y glaciar, mochila al hombro, crampones en los pies, y al llegar arriba una vista de 360 grados sobre lagos, cordillera y otros volcanes que borra de golpe el recuerdo del esfuerzo. El momento cumbre, literalmente, es asomarse al cráter con máscara de gas y ver el calor vivo de la tierra. La bajada en trineo sobre la ladera nevada cierra la jornada con pura adrenalina. Para quien no busca el ascenso completo, el parque, las cuevas volcánicas y la aerosilla ofrecen perspectivas igual de legítimas. Eso sí: el ritmo de subida lo marcan las agencias con poco margen para detenerse, y el camino de acceso en ripio castiga el auto propio.
El cráter con humo activo y los crampones clavándose en glaciar durante seis horas de subida sin pausa: el Villarrica no perdona, pero llega el momento que te asomas al calor vivo de la tierra y todo tiene sentido. Merece el esfuerzo si aguantas ritmo, aunque el camino de ripio te castiga el auto
Cuándo
Los mejores meses son marzo, abril y octubre; el volcán está transitable y el clima es estable.
Con quién
El ascenso al cráter es solo para adultos con buena condición física; las cuevas y senderos funcionan bien en familia.
Qué llevar
El equipo técnico (crampones, piolet, máscara de gas) lo provee la agencia; lleva ropa de abrigo y mochila ligera.
Dificultad
Alta: el ascenso son 5-6 horas continuas sobre nieve con ritmo exigente y sin pausas largas; requiere preparación física real.