Tepalcatlalpan es uno de esos rincones que la Ciudad de México esconde en Xochimilco: un pueblo originario con parroquia del siglo XVI, atrio arbolado con bancas para sentarse sin apuro y un interior que guarda pinturas del siglo XVIII casi en silencio. La arquitectura es sencilla, de escala humana, y eso le da una calidez que los templos monumentales no tienen. Alrededor, el mercado lo convierte en destino gastronómico por derecho propio: barbacoa, birria, tamales, quesadillas y cecina aparecen de día y de noche, con puestos que se multiplican los domingos. Si coincides con el enfloramiento del 13 de mayo o con la fiesta de Santiago Apóstol, la experiencia sube varios enteros. Para la misa, llega temprano porque el espacio, de unas doscientas personas, se ocupa rápido.
Mira, aquí tenemos una parroquia franciscana del XVI en Xochimilco cuya torre - una sola, ojo - conserva cinco campanas, la más antigua de 1717: ¿qué te dice eso sobre lo que los españoles consideraban importante guardar?
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