martes: 7:00–20:00
miércoles: 7:00–20:00
jueves: 7:00–20:00
viernes: 7:00–17:30
sábado: Cerrado
domingo: 8:00–20:00
mayormente nublado
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Café artesanal con biscottis recién hechos
Caffé Biscottino es un café ubicado en Polanco que combina el trabajo de panadería artesanal con la preparación de bebidas de especialidad. El lugar opera desde un local urban chic donde se preparan biscottis caseros en varios sabores —chocolate, almendras y mantequilla—, acompañados de panes de hojaldre y muffins hechos en casa. El menú incluye bebidas de espresso, bebidas mexicanas y francesas inspiradas en pasteles recién horneados, tostadas, ensaladas y sopas de masa madre.
El café que se sirve proviene de granos traídos en verde desde Oaxaca y Veracruz, tostados bajo supervisión de Salvador Benítez, especialista reconocido. Se prepara con una máquina italiana La Marzocco fabricada a mano. Las bebidas se elaboran naturales o con cacao, vainilla o caramelo, todo preparado en el local. El lugar atiende grupos de amigos, gente de negocios y visitantes en busca de un espacio tranquilo para trabajar o conversar.
Tiene una calificación de 4.6 de 5 en Google con 645 reseñas. Las opiniones destacan el aroma del café, la calidad de los cappuccinos y la atmósfera acogedora con personal amable.
Ubicación y acceso
Se encuentra en Luis G. Urbina 4, Local 1, en la zona de Polanco, Miguel Hidalgo, Ciudad de México. Llega en taxi, auto particular o transporte público hasta la avenida indicada en el corazón de la colonia Polanco.
Información práctica
Abre de lunes a jueves de 7:00 a 20:00, viernes de 7:00 a 17:30, y domingos de 8:00 a 20:00. Permanece cerrado los sábados. Ofrece opciones veganas y productos aptos para dietas sin gluten. Puedes contactar al 5552802155 para consultas específicas. El lugar es pequeño, así que considera visitarlo en horarios no pico si buscas un espacio tranquilo. Lleva efectivo además de tarjeta, ya que es una cafetería tipo local.
Lo que vale aquí es simple: tostado en casa, preparado en la Marzocco, sin intermediarios. Cuando los granos de Oaxaca y Veracruz se tuestan bajo criterio, no bajo casualidad, el cappuccino dejará de ser una bebida y se convertirá en lo que siempre debió ser