Taniperla es el tipo de restaurante que hace que la gente cambie sus planes para volver al día siguiente, y al siguiente. Su patio colonial con murales coloridos y arte colgante ya prepara el ánimo antes de que llegue la comida, y cuando llega el mole, ya sea el negro oaxaqueño, el coloradito o el chiapaneco que da nombre al lugar, la conversación suele detenerse. Las quesadillas de tortilla de plátano son una sorpresa genuina, el mezcal con jamaica es un cóctel que se queda en la memoria, y el pan artesanal con salsas que abre cada comida es un gesto de generosidad que se agradece. El personal explica, recomienda y, cuando hay duda entre moles, trae muestras. El único reparo que se repite con suficiente frecuencia como para tomarlo en serio es la lentitud del servicio: en momentos de alta ocupación, la espera para ordenar o recibir los platos puede extenderse más de lo razonable. Vale la pena considerarlo y llegar sin prisa.
En Taniperla, las abuelas ganaron. Los moles de Oaxaca y Chiapas - esos que nacieron en cocinas sin pretensión - ocupan el centro de la mesa como lo que siempre fueron: actos de resistencia. La casa lo sabe: cada plato cuenta una historia política, cada sabor es un argumento
martes: 8:00–22:00
miércoles: 8:00–22:00
jueves: 8:00–22:00
viernes: 8:00–22:00
sábado: 8:00–22:00
domingo: 8:00–22:00
mayormente nublado
↓14° ↑26° 💧85%