La Clandestina es, ante todo, una escuela de mezcal con barra. El staff lleva al visitante de la mano por perfiles de sabor, técnicas de fermentación y productores artesanales, y lo hace con una naturalidad que convierte una copa en una conversación. La luz baja, la música chill y el espacio íntimo hacen el resto: la gente llega de paso y se queda. Los cócteles de habanero, pepino y aguacate son los más aplaudidos, y la cata compartida es la forma más inteligente de entrar al lugar. Dos cosas merecen honestidad: hay mesas que esperan demasiado sin que nadie se acerque, sobre todo en noches concurridas, y se han reportado propinas cargadas sin autorización al momento del cobro, algo que no es aislado. Vale la pena; solo conviene revisar la cuenta antes de entregar la tarjeta.
La Clandestina no es un bar de aspavientos, es una trastienda de pueblo mezcalero transplantada a la Condesa: 25 destilados artesanales, luz tenue, barriles iluminados y esa precisión en el detalle - naranjas deshidratadas con chili al lado de cada copa - que delata a quién realmente entiende el mezcal
martes: 18:30–1:00
miércoles: 18:30–1:00
jueves: 18:30–2:00
viernes: 18:30–2:00
sábado: 18:30–2:00
domingo: Cerrado
mayormente nublado
↓13° ↑25° 💧74%