Restaurante Mercaderes opera desde un edificio colonial de Centro Histórico, a pasos del Zócalo, con mantel blanco, músicos en vivo y un pan de la casa que es, sin exageración, lo más recordado por casi todo el que pasa. El pato y las enchiladas sostienen el menú con dignidad. El problema es que la cocina no es pareja: los filetes llegan duros o fríos con una regularidad que no se puede ignorar, los cargos sorpresa por 'cortesías' incomodan a viajeros atentos, y la sensación general es la de un lugar que vivió su mejor época y hoy descansa en la reputación. Funciona mejor en desayuno o brunch que en cena. Ideal para una experiencia de ambiente histórico con platos específicos bien elegidos; no para una noche especial con grandes expectativas culinarias.
Llegué al Mercaderes en el Edificio Cántabro, donde cuatro atlantes sostienen la fachada desde 1885. La sopa de haba y el mole, acompañados de vinos selectos, justifican su
Qué pedir
Pide el pato o el chile relleno; evita los filetes, reportados fríos y sin sazón con frecuencia.
Reservar
Sin datos de reserva en fuentes; contacta directo al restaurante, especialmente para jueves a sábado.
Rango de precio
Gama media-alta; ojo con cargos no informados por pan de la casa y cortesías cobradas al final.
Ambiente
Edificio colonial con manteles blancos y músicos en vivo; funciona mejor en desayuno o brunch que en cena.