Casa de los Azulejos es, ante todo, un edificio que te detiene en seco: los azulejos talavera azul y blanco en la fachada, el patio cubierto bañado de luz, los murales del siglo XX y el ascensor antiguo forman uno de los interiores más fotogénicos del Centro Histórico. Pedir mesa en el patio interior y arrancar con chilaquiles, enchiladas o sopa de tortilla, acompañados de jugos recién exprimidos, es la forma de sacarle el mejor provecho. Dos cosas pesan de verdad: es frecuente que la comida llegue fría, un problema que el personal reconoce abiertamente, y el servicio se desordena en horas pico, con mesas esperando mucho tiempo sin atención. Llegar temprano entre semana reduce bastante ambos riesgos.
Casa de los Azulejos vale la visita por la arquitectura, no por la comida. Los azulejos de Talavera del siglo XVIII y ese patio interior con murales te dejan satisfecho aunque no comas nada, pero si te quedas, espera fila y no esperes que la cocina mexicana esté a la altura del edificio
Cuándo ir
Visita entre marzo y mayo o en octubre; clima agradable y sin lluvias intensas del verano.
Cuánto tiempo
Con 30 a 45 minutos recorres el patio, la escalera y los murales sin prisa.
No te pierdas
Pide enchiladas o chilaquiles; son los platos mejor valorados y los que mejor sostienen el menú.
Entrada
El acceso al edificio es gratuito; pagas solo si consumes en el restaurante Sanborns.