Blanco Colima opera en una casona porfiriana de 1907 en Roma Norte que detiene el paso antes de abrir la carta: arcos, vitrales, jardines interiores y un DJ que convierte la cena en algo entre restaurante fino y club sofisticado. La propuesta es mexicana de vanguardia con guiños españoles y asiáticos, y en sus mejores momentos —tuna tostada, ravioli de pato, croquetas, risotto— cumple con creces. El servicio de sala es generoso: cortesías al inicio y al final, meseros recomendados por nombre en múltiples reseñas. El reparo recurrente es real: los puntos de cocción en carnes fallan con una frecuencia que no debería existir a este precio, y el ritmo de los platos puede ser caótico. Vale la pena ir; no conviene llegar con expectativas de cocina perfecta.
Llegué a Blanco Colima en Roma Norte y sus menús de temporada compensan el desafío de estacionar: los postres con acabado visual destacado justifican los mil pesos por persona
Qué pedir
Apuesta por la tuna tostada, el ravioli de pato y las croquetas; evita los cortes de carne.
Reservar
Reserva con anticipación; es un espacio concurrido y el aforo de la casona es limitado.
Rango de precio
Ticket de gama alta; el precio refleja más el ambiente que la consistencia de la cocina.
Ambiente
Casona porfiriana con DJ en vivo: animado y ruidoso; elige mesa lejos de los parlantes.