Plaza San Jacinto es uno de esos rincones del sur de la Ciudad de México donde el tiempo parece correr distinto. El parque en sí, pequeño y arbolado, con su fuente, sus bancas blancas de metal y el fondo de casonas del siglo XVIII, ya valdría la visita. Pero lo que lo convierte en destino propio es el Jardín del Arte de los sábados: pintores, escultores, fotógrafos y artesanos toman el espacio desde la mañana y lo transforman en una galería al aire libre donde comprar obra original a precio de taller. Alrededor, restaurantes y cafeterías de varios rangos completan la jornada. El reparo que hay que tomar en serio es doble: la limpieza falla con cierta frecuencia - no es un mal día aislado - y los sábados el espacio se satura hasta hacer difícil caminar. Llegar temprano resuelve ambos problemas.
Sábados de caos controlado donde 802 personas en Google decidieron que ver gente vendiendo lienzos merece 4.5 estrellas. Lo que funciona aquí no es la plaza, sino la experiencia completa: desayunas, caminas, entras a galerías, comes algo. Algunos artistas batallan; algunas galerías lucran. Eso es exactamente lo que promete
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