Panadería El Molino es, sin exageración, una institución de Punta Arenas. Su pan sale caliente desde las siete de la mañana y no para hasta las nueve de la noche, todos los días del año. Las facturas con crema, las hallullas recién horneadas y las empanadas de manzana o de carne tienen el tipo de sabor que la gente recuerda de la infancia y viene a buscar de vuelta. La oferta va mucho más allá del pan: pastas frescas, pastel de choclo, arrollado de pollo y una pastelería que supera a varios locales de la ciudad. Eso sí, dos cosas pesan de verdad: el local es pequeño para la demanda que genera, así que en hora punta la fila sale a la calle, y la atención no es pareja, pues algunas vendedoras pueden resultar secas o impacientes. Llegando fuera del mediodía o temprano en la mañana, la experiencia es otra.
Cuando la pasión por el oficio se sostiene más de veinte años en el extremo sur, lo que vale aquí es la consistencia: El Molino lleva el panadero dentro, y eso se ve en la hallulla, su producto bandera, aunque la realidad es que cada cliente que prueba empanadas o arrollados accede a experiencias desiguales
martes: 7:00–21:00
miércoles: 7:00–21:00
jueves: 7:00–21:00
viernes: 7:00–21:00
sábado: 7:00–21:00
domingo: 8:00–20:30
despejado
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