Viveros de Coyoacán es el lugar donde la ciudad desaparece en serio. En cuanto cruzas la entrada, la arboleda cierra el techo sobre la pista de tierra y el ruido del tráfico se vuelve un recuerdo lejano. El circuito de dos kilómetros, plano y sombreado casi en su totalidad, es el corazón del lugar: lo riegan cada mañana para que no levante polvo, y la compañía de ardillas que se asoman entre las raíces lo hace distinto a cualquier parque urbano ordinario. Hay clases de yoga, atletismo infantil, artes marciales y calistenia para quien quiere algo más que correr, y el área de juegos para niños suma razones para ir en familia. Los fines de semana la pista se satura, la mezcla de caminantes y corredores complica el ritmo, y vale llegar antes de las once. El comercio informal en los accesos es un pequeño ruido de fondo. Fuera de eso, la relación entre lo que cuesta entrar y lo que te devuelve el lugar no tiene discusión.
Es el mejor parque para correr del sur capitalino. Los dos kilómetros de circuito están sombreados, regados cada mañana y hechos de tierra que no cansa. La ciudad se desvanece en segundos, pero ve antes de las once del sábado porque después es un embotellamiento
martes: 6:00–18:00
miércoles: 6:00–18:00
jueves: 6:00–18:00
viernes: 6:00–18:00
sábado: 6:00–18:00
domingo: 6:00–18:00
mayormente nublado
↓13° ↑25° 💧74%