La Hacienda de Cortés es, ante todo, un golpe visual: jardines frondosos, arcos coloniales, árboles enormes que emergen entre la arquitectura y la quietud de un oasis en pleno Coyoacán. Pararse ahí un domingo por la mañana, con música en vivo de fondo y una sangría en mano, es una de esas experiencias que justifican el viaje por sí solas. El desayuno es el momento más logrado, con huevos divorciados, chilaquiles y el desayuno teaneco sobre nopal como estrellas de una carta amplia y generosa en ese horario. El reparo existe y es honesto: fuera del desayuno, la comida tiende a decepcionar, los platillos de pescado concentran las peores críticas y el servicio puede ser lento o poco amable. Ven por el entorno y el brunch dominical; no esperes alta cocina.
La Hacienda de Cortés vale la pena por su entorno: jardines enormes, arcos coloniales y esa quietud de oasis en Coyoacán que te justifica ir un domingo. El desayuno es donde se lucen, con huevos divorciados y chilaquiles de verdad. Fuera de eso, la comida decepciona y el pescado no es lo suyo
Qué pedir
Pide el desayuno mexicano: huevos divorciados, chilaquiles o el Desayuno Teaneco son los más elogiados.
Reservar
Para el brunch dominical con música en vivo, reserva con anticipación; es el momento de mayor demanda.
Rango de precio
Precio gama media-alta que se justifica en el desayuno, pero no en los platillos de comida o cena.
Ambiente
Patio colonial con árboles centenarios, estatuaria prehispánica y terrazas escalonadas; tranquilo y fotogénico.