El Mercado Central de Santiago es una de esas visitas que se justifican solas: el edificio de fierro fundido del siglo XIX detiene a cualquiera en la entrada, y el despliegue de centollas, machas, ostiones y pescados del día tiene una generosidad visual difícil de encontrar en otro mercado de la ciudad. El momento cumbre es sentarse a comer en uno de los restaurantes pequeños del perímetro, donde una paila marina o un ceviche con pisco sour de cortesía cuestan un tercio de lo que cobran los locales bajo el domo central, y donde la frescura del producto es la misma. Dos cosas pesan de verdad: el robo de pertenencias ocurre dentro del recinto y no es un caso aislado, así que billetera al frente y celular guardado después de cada foto. Además, el personal de varios restaurantes aborda a los visitantes con insistencia que cansa. Llegar a la hora del almuerzo es la mejor decisión: los puestos cierran temprano.
El Mercado Central es donde Santiago come lo que el océano regala: una catedral de fierro del siglo XIX donde los mariscos frescos y la cocina local dialogan en el mismo espacio, tal como lo hizo desde 1872
martes: 6:00–17:00
miércoles: 6:00–17:00
jueves: 6:00–17:00
viernes: 6:00–17:00
sábado: 7:00–17:00
domingo: 9:00–17:00
parcialmente nublado
↓8° ↑13° 💧81%