Conejo Blanco Café es uno de esos lugares de Polanco que se ganan su reputación platillo a platillo: el café de especialidad es genuinamente bueno, los croissants tienen la textura que prometen y el french toast produce el tipo de silencio satisfecho que pocas cocinas logran. El espacio es pequeño y con alma, el equipo tiene nombre y cara, y la terraza sobre la acera funciona mejor de lo que suena. El momento cumbre suele ser la primera mañana, cuando todo llega fresco y el ritmo es el correcto. La sombra está en la operación bajo presión: cuando el lugar se llena, la gestión de la espera ha fallado de forma concreta y algunos comensales han sido tratados con una urgencia que no va con el espíritu del sitio. Si vas entre semana o temprano, la experiencia tiende a ser la que merece sus cinco estrellas.
En Polanco, donde el café de origen es casi un acto de resistencia contra la mediocridad, Conejo Blanco sirve granos de mujeres oaxaqueñas que no necesitan tu aprobación: el trabajo ya está ahí, en cada taza
Qué pedir
Pide el cruffin de guayaba o croissant de almendra; el café de especialidad también destaca.
Reservar
No toman reservas; llega entre semana en la mañana para evitar largas esperas.
Rango de precio
Gama media: precios acordes a cafetería de especialidad en Polanco.
Ambiente
Local muy pequeño con terraza en banqueta; ruidoso y saturado los fines de semana.