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Galerías de arte Roma Norte: cuál visitar y qué ver

Guía · Cultura 50 lugares verificados
Felipe Álvarez
Felipe Álvarez
Explorer de Cultura · Roma Norte

De todo el circuito cultural de Roma Norte, quizá una docena de espacios justifican detenerse, y la mitad de ellos no los vas a encontrar en ninguna lista de “lo mejor de CDMX”. El barrio tiene más de quince galerías y museos en un radio caminable, entrada gratuita en la mayoría, y un problema que pocas guías reconocen: la densidad no garantiza calidad. Hay espacios que cambian cada vez que los visitas y espacios que llevan años vendiendo la misma inercia con diferente cartel en la puerta.

Lo que sí existe aquí, y vale la pena entender antes de armar cualquier ruta, es una mezcla que pocas colonias de la ciudad pueden sostener en simultáneo: una mansión porfiriana abierta sin costo donde el jardín interior detiene el ruido de Álvaro Obregón, una galería de arte emergente donde puedes salir con una obra bajo el brazo a precio de subasta, un museo de objetos que rota su identidad completa cada cuatro meses, y un puñado de espacios más pequeños que dependen enteramente de qué está en cartelera cuando llegas. La arquitectura también entra al circuito: Roma Norte es de los barrios con mayor concentración de edificios Art Nouveau de la ciudad, y recorrer sus fachadas no es un detour sino parte del mismo paseo.

Este artículo no cubre todo. Hay espacios en el circuito que tienen buenas fotos en Instagram y muy pocas razones para cruzar la colonia por ellos: los nombramos, pero no los defendemos. Lo que sí hace es decirte cuáles son las paradas que aguantan una tarde entera y cuáles puedes ver de pasada sin sentir que perdiste algo.

Galerías de arte en Roma Norte: qué tipo de circuito te espera

En menos de quince cuadras, Roma Norte concentra una mezcla de espacios culturales que no tiene un equivalente claro en la ciudad: museos institucionales respaldados por fundaciones privadas, galerías comerciales que exhiben arte emergente y venden sin presionar, casas-museo que preservan colecciones personales, y espacios alternativos donde el programa cambia antes de que puedas programar tu segunda visita. Todo en un radio que se recorre a pie sin sumar pasos innecesarios.

La gratuidad es la norma dominante, no la excepción. La mayoría de las galerías del circuito no cobran entrada, lo que suena bien hasta que entiendes el reverso: la calidad depende enteramente de qué exposición esté en cartelera cuando llegas. No hay colección permanente que garantice una visita sólida. Llegas el día equivocado y una galería que otros te recomendaron con entusiasmo puede decepcionarte sin que nadie tenga la culpa. Eso exige una estrategia distinta al turismo museístico tradicional: verificar antes de salir, ser selectivo con las paradas y aceptar que parte del circuito se descubre por accidente.

El barrio hace el trabajo que la curaduría no siempre completa. La arquitectura art nouveau de Roma Norte funciona como telón de fondo permanente: fachadas de principios del siglo XX, mansiones porfirianas reconvertidas en espacios culturales, y plazas como Plaza Río de Janeiro y Plaza Romita que actúan como puntos de orientación naturales entre una galería y la siguiente. Caminar entre espacios no es el relleno del circuito; en Roma Norte, el trayecto es parte de la visita.

Plaza Río de JaneiroNaturaleza · Roma NortePlaza Río de JaneiroMuy bueno5.8/7

Lo que este circuito no es: una ruta de museos con horarios coordinados y colecciones fijas donde puedes llegar cualquier martes y salir satisfecho. Es un barrio cultural vivo, con toda la inestabilidad y el hallazgo inesperado que eso implica.

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Casa Museo Guillermo Tovar de Teresa: la mansión porfiriana que nadie cobra

La entrada es completamente gratuita. Eso ya lo sabes. Lo que no anticipa ninguna foto de fachada es que en cuanto cruzas el umbral de la Casa Museo Guillermo Tovar de Teresa entras en el universo privado de un hombre que pasó décadas reuniendo lo que amaba: pintura colonial y del siglo XIX, cerámica Talavera de España y de México, alfombras persas sobre pisos de madera, objetos religiosos que en otro contexto estarían detrás de vidrio reforzado. Aquí están, simplemente, en las habitaciones donde Guillermo Tovar de Teresa los usó y los miró hasta que murió.

Casa Museo Guillermo Tovar de TeresaCultura · Roma NorteCasa Museo Guillermo Tovar de TeresaExcepcional6.5/7

El recorrido por las salas del piso principal cabe en media hora si vas rápido, en cuarenta minutos si te detienes. La colección no aspira a ser enciclopédica: aspira a ser coherente, y lo logra. Cada pieza dice algo sobre el gusto del coleccionista, y ese perfil intelectual se vuelve tan legible como cualquier cédula. La biblioteca personal de Tovar de Teresa refuerza esa sensación: no es una sala de exhibición, es el espacio de alguien que leía de verdad.

El jardín: la razón real de ir

El momento cumbre no está en ninguna pintura. Está en el jardín interior. Exuberante, sombreado, callado en una medida que la Roma Norte rara vez concede, el patio detiene el tiempo con una eficiencia que ningún museo de arquitectura moderna logra replicar. Hay algo que funciona en esa combinación de vegetación densa, silencio y paredes que llevan más de un siglo mirándose. Vloggers recientes que cubrieron el circuito cultural de la colonia lo señalan con consistencia: vale mucho la pena. El pequeño café adyacente invita a prolongar la pausa, y es una invitación razonable.

Lo que frena la experiencia

La casa deslumbra visualmente pero la interpreta mal. Las pantallas por sala son el único recurso de contextualización disponible, y se vuelven ilegibles cuando hay otros visitantes agolpados frente a ellas. No existe folleto impreso, no hay guía, y el piso superior está cerrado al público sin fecha de apertura a la vista. Quien llegue sin conocimiento previo del arte colonial mexicano o de la figura de Tovar de Teresa puede salir con la impresión de haber visto cosas bonitas sin entender del todo por qué importan.

La paradoja es real: un lugar con este nivel de colección merece una interpretación a la altura, y por ahora no la tiene. El jardín y las salas justifican el desvío de todas formas. Pero si quieres profundidad, lee algo sobre Tovar de Teresa antes de llegar, no después.

El museo forma parte de la red de la Fundación Soumaya, lo que explica tanto la gratuidad como la consistencia operativa: los casilleros son gratuitos, el acceso es sin reserva, y el horario se cumple.

Fundación Casa del Poeta y el MODO: dos museos pequeños con mucho peso

Diez pesos. Menos de un dólar. Eso pide la Fundación Casa del Poeta I.A.P. para dejarte entrar a la última morada de Ramón López Velarde, en plena Álvaro Obregón. Un donativo simbólico que, dicho así, suena a trampa o a museo olvidado. No lo es.

Fundación Casa del Poeta I.A.P.Cultura · Roma NorteFundación Casa del Poeta I.A.P.Excepcional6.5/7

Fundación Casa del Poeta: el museo de 10 pesos que desorienta (bien)

La fachada ya avisa que hay algo dentro que no se improvisa. Adentro, las habitaciones están restauradas: poemas convertidos en atmósferas, objetos que citan versos sin explicarlos demasiado, y un personal que recita con entusiasmo genuino y no con la energía mecánica del funcionario cumpliendo turno. La biblioteca Salvador Novo – tranquila, casi intocada – guarda la colección personal de Efraín Huerta y Salvador Novo, y es el tipo de espacio donde uno se sienta sin deber nada a nadie.

Pero el momento que nadie anticipa llega cuando atraviesas el clóset. Al fondo, lo que parece una salida ordinaria se abre a un laberinto de espejos que multiplica todo: el espacio, la luz, al visitante mismo. Es un golpe de sorpresa que ninguna reseña logra prepararte del todo, y eso, en un museo de diez pesos, es bastante difícil de superar. En el sótano, una galería de arte emergente completa el recorrido con una energía completamente distinta al piso principal: más cruda, más contemporánea, sin los terciopelos de la casa histórica.

Un dato operativo que vale la pena revisar antes de ir: el museo cierra lunes y domingos, y la información en Google no siempre lo refleja con claridad. Al menos tres visitantes hicieron el viaje en vano.

MODO: cuando la tienda compite con la exposición

El MODO Museo del Objeto del Objeto funciona bajo una lógica distinta: no tiene colección permanente. Cada exposición temporal, que rota aproximadamente cada cuatro a seis meses, es el museo entero. Eso significa que lo que encuentras depende completamente de cuándo llegas: puede ser una muestra sobre relaciones sentimentales rotas con objetos como testigos, o una exploración del vínculo de México con el color, o arte producido por personas privadas de libertad. La curaduría es el argumento real del lugar, y cuando funciona, el recorrido de una hora deja más peso del que el espacio sugiere desde afuera.

MODO Museo del Objeto del ObjetoCultura · Roma NorteMODO Museo del Objeto del ObjetoMuy bueno5.8/7

La tienda merece mención aparte porque la gana: piezas de diseño que varios visitantes señalan espontáneamente como una de las mejores tiendas de museos en la Ciudad de México. No es un elogio menor en una ciudad con museos como este.

El reparo existe y es concreto: cuando la exposición depende del texto narrativo – que suele estar en español con traducción al inglés inconsistente o directamente ausente – los visitantes no hispanohablantes pueden quedarse fuera de casi todo el contenido. No es una falla sistemática, pero tampoco es excepcional. Conviene saberlo antes de traer a alguien que no lea español.

La razón para visitar estos dos en la misma mañana es geográfica y de ritmo: ambos se recorren en menos de cuarenta minutos cada uno, están a distancia caminable en Roma Norte, y sus registros emocionales son tan distintos – la casa poética contra el museo de objetos cotidianos – que uno no cansa al otro. Si después necesitas pausa, los cafés de Roma Norte están a pasos de cualquier punto del circuito.

Aguafuerte Galería y MAIA Contemporary: arte emergente con entrada libre

Las dos son gratuitas, las dos rotan con frecuencia y las dos tienen un reparo operativo que conviene saber antes de llegar. Ahí terminan las similitudes.

Aguafuerte: la subasta como razón para volver

Aguafuerte Galería hace algo que pocas galerías de entrada libre se atreven a hacer con consistencia: poner a artistas emergentes en la misma sala que nombres con trayectoria y dejar que el visitante decida quién gana. El programa rota con suficiente frecuencia como para justificar más de una visita al año, y el staff suele explicar el contexto de cada pieza con un entusiasmo que no se siente ensayado. Para quien quiere empezar a coleccionar sin hipoteca de por medio, las subastas son el momento cumbre: grabados y pinturas que se llevan a precio justo, con la adrenalina de la puja y sin el protocolo intimidante de las galerías que cobran con la mirada.

El límite es físico y es real. El espacio es pequeño, y esa característica, que en una tarde tranquila le da calidez, en una inauguración se convierte en calor literal y apretujón. Si tienes la opción de elegir el momento, evita los días de apertura y gana en comodidad lo que pierdes en coctel. Una minoría reportó también un trato pedante por parte del personal, aunque no es la norma que define el lugar.

MAIA Contemporary: entrar por el restaurante para llegar a la galería

MAIA Contemporary vive dentro del complejo Basalto, una casa antigua en Roma Norte donde la arquitectura ya hace la mitad del trabajo curatorial: escaleras de madera, luz natural que cae en ángulos que ningún cubo blanco reproduce, patios que mezclan interior y exterior sin pedirle permiso a nadie. La galería en sí es pequeña – el recorrido toma entre quince y veinte minutos – pero el programa tiene peso real: Alexis Mata, Daniel Lezama, Olivia Steele y Pedro Friedeberg han pasado por sus paredes, lo que la sitúa en una liga distinta a la de los espacios que solo apuestan por lo emergente.

Hay dos fricciones que conviene anticipar. La primera es el acceso: la entrada a la galería pasa por el restaurante y hay que recorrer el fondo del complejo; quien llega sin saberlo da dos vueltas antes de encontrarla. La segunda es más seria. Cuatro visitas independientes documentan haber encontrado la galería cerrada en horario de servicio, sin aviso previo ni explicación posterior. El antídoto es elemental pero necesario: escríbeles por Instagram antes de ir, especialmente si vas en día de semana o en horario límite. El complejo Basalto en sí – restaurantes, boutiques, bazar – vale el trayecto aunque la galería no abra; pero eso no consuela a quien cruzó la ciudad específicamente para ver la muestra.

Dos galerías distintas, dos apuestas válidas. Aguafuerte para quien quiere arte mexicano de hoy con la posibilidad real de llevarse algo a casa; MAIA para quien quiere que el contenedor compita con el contenido. Si la arquitectura como experiencia te interesa, hay más de eso en la arquitectura Art Nouveau de Roma Norte que rodea ambas galerías.

Galería Metropolitana-UAM y Garros Galería: los dos rincones que nadie espera

Galería Metropolitana-UAM: curaduría vanguardista con un problema de operación real

Entrada libre. Registro al llegar. Tres salas que se recorren en veinte minutos. Sobre el papel, la Galería Metropolitana-UAM no suena a gran cosa, y eso es exactamente el problema de describírsela a alguien de antemano.

Garros GaleríaCultura · Roma NorteGarros GaleríaExcepcional6.5/7Galería Metropolitana-UAMCultura · Roma NorteGalería Metropolitana-UAMMuy bueno5.0/7

La curaduría es el argumento real del lugar. Las exposiciones tienen peso social y criterio estético que muchos recintos más grandes no logran juntar en la misma sala: muestras sobre desaparición forzada, sobre identidad, sobre los márgenes. La exposición de Leonora Carrington fue el momento más alto que se recuerda del espacio: esculturas detalladas, bocetos originales, litografías y una iluminación que invitaba a detenerse en cada ángulo. Si te colocas en una esquina y observas el conjunto de figuras, el efecto es difícil de sacudir rápido. El personal de sala guía con genuino conocimiento y sin condescendencia, lo cual, en el circuito de galerías de la ciudad, no es garantizado.

Pero hay un problema operativo que no se puede ignorar: la Galería Metropolitana funciona con una comunicación institucional que raya en el abandono. Los horarios publicados en Google no son confiables. El teléfono no responde. Instagram tampoco. Los cierres imprevistos ocurren sin aviso previo en ningún canal. Varios visitantes documentan haber llegado dos veces distintas y encontrado las puertas cerradas por razones diferentes cada vez. Si decides ir, el orden lógico es incluirla como primera parada del día, de lunes a viernes, y tener un plan B para el caso en que la persiana esté abajo sin explicación.

Garros Galería: el lugar más difícil de justificar en papel

Garros Galería es un museo felino. La joyería es artesanal. Los cuadros también. Los helados veganos son de cardamomo y mazapán, elaborados sin conservadores, servidos en copitas de cerámica cuando te quedas a comerlos ahí. Y los anfitriones que te reciben al entrar se llaman Fideo, Eugenio y Tom.

Escrito así, suena a lugar que existe para Instagram y para muy poco más. En persona, el efecto es otro. Joel, el dueño, atiende con una atención que no tiene nada de mecánico: explica cada pieza, rota el inventario con frecuencia y conoce el origen de lo que vende. Los gatos, por su parte, no posan para nadie: se acercan, olfatean, juzgan y eventualmente aprueban. Ese momento de llegada, cuando los tres deciden si mereces su atención, tiene algo que ninguna galería de arte contemporáneo de la colonia puede replicar.

La librería alternativa que esconde el espacio es el bonus que la mayoría no espera. Hay quien entra por el helado de mazapán y sale con un libro y unos aretes. Eso, honestamente, también me parece una forma razonable de gastar una tarde en Roma Norte.

Garros no justifica un desvío de cuarenta minutos desde otra colonia. Sí justifica diez minutos de pausa si ya estás en el circuito y necesitas un respiro de tanto cubo blanco con etiquetas de vinilo. A veces lo más difícil de defender en papel es lo más fácil de disfrutar cuando estás parado frente al mostrador decidiendo entre cardamomo y mazapán.

Panorama: el resto del circuito en Roma Norte

El Museo Casa de las Mil Muñecas engaña desde afuera. La fachada no anticipa la casona de varios pisos que espera adentro, con miles de piezas organizadas por época, cultura y material. El recorrido arranca con un video emotivo, atraviesa una puerta con forma de ropero – el momento que más repiten los visitantes – y despliega salas que van de lo tierno a lo inquietante, con las casas en miniatura y la sala de hadas y duendes como puntos altos. La entrada cuesta $150 pesos (aprox. $8.50 USD), con descuento a $120 (aprox. $7 USD) para estudiantes y docentes. La advertencia sobre la cafetería vale la pena: el diseño de cuento de Alicia está ahí y los postres son lo mejor del menú, pero la comida salada divide opiniones con consistencia y el servicio puede tardarse hasta cuarenta y cinco minutos en horas pico. Si vas solo por comer, el desvío no justifica la espera.

Museo Casa de las Mil MuñecasCultura · Roma NorteMuseo Casa de las Mil MuñecasExcepcional6.5/7

Galerías que tienen presencia real en el barrio

Arróniz Arte Contemporáneo, Almanaque Fotográfica, Terreno Baldío Arte y Campeche Galería son cuatro espacios que merecen mención no por tamaño sino por permanencia: llevan tiempo funcionando en el barrio y rotan programas propio. Ninguno cobra entrada. El argumento para visitarlos depende casi por completo de qué exposición está vigente cuando llegas, no de una lista fija. Arróniz tiene trayectoria en arte contemporáneo nacional e internacional; Almanaque Fotográfica se especializa en fotografía con una curaduría más específica que la mayoría; Terreno Baldío Arte es el más pequeño y el que más sorprende cuando acierta.

Almanaque FotográficaCultura · Roma NorteAlmanaque FotográficaCorrecto3.5/7Terreno Baldío ArteCultura · Roma NorteTerreno Baldío ArteExcepcional6.5/7Arróniz Arte ContemporáneoCultura · Roma NorteArróniz Arte ContemporáneoMuy bueno5.8/7

Cruce entre arte y programación cultural

El Centro Cultural Teatro 1 y 2 y el Centro de Cultura Casa Lamm son otra cosa: funcionan como nodos de programación cultural donde las artes visuales comparten cartelera con teatro, cine, talleres y presentaciones. Si tu visita cae en un día con función o evento, vale investigarlo; si no, son espacios que se recorren rápido y aportan poco como galerías puras.

Centro de Cultura Casa LammCultura · Roma NorteCentro de Cultura Casa LammMuy bueno5.8/7Centro Cultural Teatro 1 y 2Cultura · Roma NorteCentro Cultural Teatro 1 y 2Muy bueno5.0/7

Lo que está sobrevalorado del circuito

Roma Norte tiene densidad real de espacios, pero la mitad del circuito depende de qué exposición está montada esa semana. Revisa la cartelera vigente antes de ir – así evitas recorrer solo fachadas o encontrar galerías vacías entre muestras o cerradas. Un día bien armado con cuatro paradas elegidas supera a un maratón de ocho espacios donde la mitad no tiene exhibiciones activas.

Plazas y murales: los puntos de orientación del circuito

Antes de entrar a cualquier galería conviene saber dónde estás parado. Roma Norte tiene tres plazas que funcionan como anclas geográficas del recorrido, y una capa de murales Roma Norte: los que valen y la ruta que no pierde tiempo que puede enriquecer el circuito o convertirse en distracción, dependiendo de cómo lo armes.

Plaza Río de Janeiro: el eje que ordena todo

Si tienes que elegir un punto de partida, es este. La Fuente de Cibeles domina el centro de la plaza con una réplica fiel a su homóloga madrileña, y en el extremo norte aparece el David de Miguel Ángel, también en réplica, también sin mayor disculpa. La anécdota que circula entre vloggers locales – y que dice bastante sobre el carácter del barrio – es que la estatua fue cubierta por vecinos que la encontraban incómoda. Spoiler: el David sobrevivió. Aguafuerte Galería queda a pasos de aquí, lo que convierte a la plaza en un eje natural antes o después de entrar.

Fuente de CibelesCultura · Roma NorteFuente de CibelesMuy bueno5.8/7

Plaza Romita y Plaza Insurgentes: dos extremos, dos funciones

Plaza Romita es lo opuesto a un destino: es una pausa. Pequeña, con carácter de barrio antiguo enclavado en el tejido moderno de la colonia, sirve mejor como descanso entre galerías que como atracción en sí misma. No la busques; aparece sola cuando necesitas respirar.

Plaza InsurgentesCultura · Roma NortePlaza InsurgentesCorrecto3.5/7

Plaza Insurgentes, en el extremo sur del recorrido, cumple una función más práctica que cultural: es la referencia comercial que indica dónde termina el circuito. Si llegas hasta aquí sin haber entrado a nada, algo salió mal en la planificación.

Los murales: capa adicional, no obligación

La diferencia entre detenerse a mirar un mural y caminar de largo frente a él es, casi siempre, una cuestión de tiempo y de expectativa. Roma Norte tiene murales suficientes para armar una ruta paralela al circuito de galerías, pero mezclar ambos en un mismo recorrido sin criterio produce el peor resultado posible: ni ves el arte de pared con atención ni entras a los espacios con calma. Elige uno u otro como hilo conductor. Si el mural es el plan, que sea el plan completo.

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Cómo armar la ruta: orden, pausas y lo que puedes saltarte

El circuito funciona mejor si empieza temprano y en el extremo más tranquilo. Casa Museo Guillermo Tovar de Teresa a primera hora de la mañana es casi siempre tuya: entrada gratuita, pocas personas, el jardín interior en silencio. Es el tipo de lugar que en una tarde concurrida pierde la mitad de su encanto porque la otra mitad depende de que no haya nadie más mirando el mismo cuadro que tú.

De ahí, hacia Fundación Casa del Poeta – donativo de diez pesos (menos de un dólar) – antes de que el calor apriete. Las dos primeras horas del recorrido caben cómodamente en este par de paradas y salen sin apuro. Si intentas meter seis espacios más antes del mediodía, lo que obtienes no es más cultura: es fatiga de fachadas.

Dónde pausar sin forzarlo

Los cafés de Roma Norte no son el destino aparte que algunos itinerarios los convierten: son la pausa natural entre galerías, el punto donde procesas lo que acabas de ver antes de entrar al siguiente espacio. Uno entre Tovar y Casa del Poeta, otro antes de MAIA o Aguafuerte. No necesitas planificar cuál; la colonia tiene suficientes opciones sobre Orizaba, Álvaro Obregón y Colima para que uno aparezca cuando lo necesitas.

El orden para la tarde y lo que puedes omitir sin culpa

Aguafuerte Galería y MAIA Contemporary funcionan mejor con luz de tarde: Aguafuerte porque sus obras pequeñas ganan con luz natural lateral, MAIA porque la arquitectura del complejo Basalto – escaleras de madera, patios abiertos – merece más que una visita apresurada de mediodía. Ambas caben en la segunda mitad del recorrido sin problema.

Lo que puedes saltarte sin culpa: acumular galerías sin revisar qué está en cartelera. Es el error más repetido y el que arruina más tardes. Galería Metropolitana-UAM no abre fines de semana de forma confiable; MAIA ha aparecido cerrada sin aviso en horarios de servicio. Llegar sin confirmar es apostar a que el lugar te reciba, y la apuesta no siempre sale.

Dos o tres espacios bien elegidos superan a ocho recorridos en diagonal. La diferencia entre una visita que deja algo y una que no está en la cantidad de galerías cruzadas, sino en si sabías qué ibas a ver antes de pararte frente a la puerta.

Para quien quiere extender el día más allá del circuito de arte, los bares de Roma Norte están a distancia caminable de cualquier punto de la ruta. Eso, sin embargo, ya es otra tarde.

Tres paradas resuelven el circuito de galerías de arte en Roma Norte para la mayoría de los visitantes: la Casa Museo Guillermo Tovar de Teresa si quieres arte colonial, un jardín que para el tiempo y cero pesos de entrada; Aguafuerte Galería si quieres llevarte algo a casa – ya sea una obra en subasta o simplemente el gusto de saber que el arte mexicano de hoy no exige que te disculpes por no conocerlo de antemano -; y MAIA Contemporary si lo que quieres es arquitectura y arte contemporáneo en el mismo recorrido, dentro de un edificio que ya es argumento antes de que empiece la exposición. Con esas tres, el día está completo.

El resto del circuito no es prescindible por mala calidad sino por una razón más elemental: depende de lo que esté en cartelera cuando llegas. La Galería Metropolitana-UAM con Leonora Carrington es una tarde distinta a la Galería Metropolitana-UAM sin ella. Lo mismo aplica al MODO. Si quieres saber qué hay antes de moverse, revisa Instagram de cada espacio el día anterior – es más confiable que los horarios publicados en Google, que varios de estos lugares actualizan con la misma frecuencia que un reloj detenido. Una tarde bien armada en Roma Norte no necesita más de cuatro paradas. Cinco ya es otra cosa.

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