Guardería Grey es la puerta de entrada más espectacular al corazón glaciar de Torres del Paine. El sendero que bordea el lago, bien marcado y apto para cualquier condición física, lleva a un mirador donde el azul grisáceo del glaciar y los icebergs flotantes producen un silencio de asombro genuino. Para quien quiere acercarse de verdad, el catamarán es la pieza que completa el cuadro. La infraestructura sorprende gratamente: baños limpios, restaurante, minimarket y tienda, todo recién renovado. El viento es el único protagonista que nadie controla, con ráfagas que pueden superar los cien kilómetros por hora; llegar con cortaviento y ropa en capas no es sugerencia, es condición. La subida al mirador Ferrier, poco señalizada en los mapas digitales, es el secreto que los visitantes más curiosos se llevan como regalo extra.
Desde Guardería Grey, el contraste revela la verdadera escala: instalaciones básicas donde hace poco no había nada, y a 40 minutos, fragmentos del Glaciar Grey lo suficientemente cerca para ser tocados con la vista
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