El Palacio Sara Braun es uno de esos lugares que detiene el paso: techos con molduras talladas, pinturas de época, muebles que parecen intactos desde fines del siglo XIX, y una atmósfera que convierte un recorrido breve en un salto temporal genuino. El encargado recibe con calidez y el café del invernadero es el remate ideal. El precio de entrada es simbólico, lo que hace la visita difícil de omitir en cualquier itinerario por Punta Arenas. Dicho eso, hay dos cosas que pesan: la información disponible es escasa, apenas un folleto, sin paneles ni guías permanentes que den sentido a lo que se ve, y las salas abiertas son pocas porque el edificio comparte espacio con un hotel. Además, solo se acepta efectivo, así que conviene llevar pesos chilenos antes de llegar.
Cuando la ganadería ovina transformó Magallanes, Sara Braun - empresaria letona que llegó en 1874 - construyó este palacio neoclásico francés para habitar la escala de esa fortuna: salones altos, biblioteca, sala de música con muebles europeos que todavía están ahí. Hoy el Club de la Unión lo cuida como patrimonio, y lo que vale aquí es entender que no es solo arquitectura: es el rastro material de cómo las colonias extranjeras tejieron la región
martes: 10:00–12:45, 15:30–19:00
miércoles: 10:00–12:45, 15:30–19:00
jueves: 10:00–12:45, 15:30–19:00
viernes: 10:00–12:45, 15:30–19:00
sábado: 10:00–12:45, 15:30–19:00
domingo: Cerrado
despejado
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