La Calaca es, ante todo, una experiencia espacial: una casona colonial de Coyoacán convertida en altar vivo, con árboles que rompen el techo, calaveras que trepan las paredes y un ambiente que mezcla Tim Burton con la calidez de un mercado festivo. El mariachi aparece sin previo aviso y la terraza asoma sobre la plaza con una generosidad que pocos restaurantes turísticos se permiten ofrecer de verdad. La cocina acompaña sin decepcionar: el guacamole con chapulines produce el momento de asombro gastronómico que muchos visitantes buscan, las tortas llegan en un tamaño que obliga a pedir caja, y la lengua se deshace con una terneza que convierte a los escépticos. El único reparo con peso real es la espera: sin reservaciones y con demanda alta, conseguir mesa puede tomar tiempo.
El guacamole con chapulines en una casona colonial donde los árboles rompen el techo y toca mariachi sin avisar: ese es el punto de La Calaca. Vale la pena el viaje a Coyoacán, aunque sin reserva puedas esperar un buen rato para sentarte
Qué pedir
Pide el guacamole con chapulines, el ribeye o arrachera y las margaritas; los burritos también son opción sólida.
Reservar
Sin reserva, las filas son reales; reserva con anticipación, sobre todo en fin de semana o temporada alta.
Rango de precio
Rango gama media; la relación precio-ambiente es razonable, aunque la cocina no siempre justifica el costo sola.
Ambiente
Casona colonial con árboles atravesando el techo, calaveras en paredes y mariachi en vivo; el ambiente lidera sobre la comida.