Kahwen es una de esas cafeterías que uno recuerda por una taza en particular: el flat white llega en cerámica artesanal con una galleta al lado, el Diego explota en guayaba y cold brew, y el espresso tiene esa suavidad floral que cuesta encontrar. El lugar tuesta sus propios granos, produce su leche de almendras y guarda una pared entera de vinos mexicanos, todo en una callecita tranquila de Coyoacán que ya de por sí predispone al placer. El punto que se repite y no es menor: algunos baristas atienden con una distancia que choca con la calidez del concepto, y el cargo por leche vegetal aparece sin aviso en la cuenta. Ninguno de los dos es motivo para no ir, pero sí para ir con esa información.
En Coyoacán, donde la nostalgia compite con la modernidad, Kahwen ofrece lo que la mayoría busca sin admitirlo: café de verdad y tranquilidad. Lo que lo delata es que producen su propia leche de almendras, ese tipo de obsesión que solo tienen quienes en serio entienden qué pasa en una taza
Qué pedir
Pide el Diego (cold brew con guayaba) o el flat white; son los más recomendados por reseñadores frecuentes.
Reservar
No requiere reserva; es una cafetería de paso en una callecita lateral de Coyoacán.
Rango de precio
Gama media; ojo con el cargo extra por leche vegetal, que no siempre aparece en la carta.
Ambiente
Espacio íntimo con música curada; las sillas interiores son más cómodas que las exteriores para estancias largas.