La Capilla de la Conchita es uno de esos rincones que Coyoacán guarda casi en secreto: una plaza colonial de escala íntima, empedrada y sombreada, donde el ruido del centro simplemente desaparece. La capilla en sí, levantada por orden de Hernán Cortés en 1525 sobre un altar tolteca, es diminuta y poderosa: su retablo, sus pinturas y la iconografía mestiza que mezcla lo marítimo con lo indígena producen una impresión que no se olvida. Lo mejor es llegar en la mañana entre semana, cuando la plaza es casi propia. Hay, sin embargo, un reparo que se repite sin excepción: la capilla permanece cerrada la mayor parte del tiempo y solo abre para misas o eventos religiosos puntuales. Quien llegue sin confirmación previa verá la fachada y nada más, lo cual también tiene su encanto, pero no es lo mismo.
Hallé en Coyoacán una capilla de 1525 donde el INAH excavó más de cien vasijas rituales intactas, prueba de que Cortés construyó su templo sobre un altar tolteca del siglo VII
Cuándo ir
Ve entre semana en la mañana o el 8 de diciembre para la celebración de la Virgen de la Concepción.
Cuánto tiempo
Con 30 a 45 minutos alcanza para recorrer la plaza y el exterior de la capilla.
No te pierdas
Si la encuentras abierta, entra: el retablo barroco y las pinturas sobre la Virgen son lo más destacado del interior.
Entrada
La capilla es gratuita, pero permanece cerrada casi siempre; verifica antes si habrá misa o evento.