La Luna es el restaurante que Punta Arenas le debe al viajero que llega con hambre de Patagonia y sin mucho tiempo. El chupe de centolla es el momento cumbre: cremoso, cargado de cangrejo fresco, del tipo de plato que la gente recuerda semanas después y por el que algunos vuelven más de una vez en la misma estadía. Los ostiones a la parmesana y el ceviche sostienen esa misma generosidad. El espacio hace su parte: billetes, notas y fotos de todo el mundo tapizando cada pared crean una atmósfera cálida que engancha desde la entrada. El servicio es ágil y manejable en inglés. El único reparo que se repite es el pollo, que llega seco y sobrecocido con más frecuencia de la aceptable; no es un detalle aislado. La solución es simple: en un restaurante de mar, pedí del mar.
El chupe de centolla es la razón para ir, y vale cada centavo: cremoso, cargado, del tipo de plato que no se olvida fácil. Evitá el pollo, que llega seco con demasiada regularidad. En un restaurante así, pedí del mar y ya
martes: 12:00–22:30
miércoles: 12:00–22:30
jueves: 12:00–22:30
viernes: 12:00–22:30
sábado: 12:00–22:30
domingo: 12:00–17:00
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