Paladino es, antes que un restaurante, una casa que recibe. La casona de 160 años, llena de antigüedades y con chimeneas encendidas en invierno, predispone al comensal antes de que llegue el primer plato. Y cuando llega, el pastel de jaiba, el chupe de locos o la cazuela de vacuno confirman que la cocina está a la altura del entorno: sabor casero honesto, porciones generosas, ingredientes frescos. Aldo y su familia atienden en sala de modo que varios los mencionan por nombre como la mejor parte del almuerzo. El complejo suma domos, tinaja y masajes, por lo que una visita puede convertirse fácilmente en escapada completa. No hay reparos verificados que obliguen a advertir nada puntual: el único apunte crítico registrado es aislado y no se repite.
En el Cajón del Maipo, donde la cordillera dicta el ritmo, Paladino sirve cazuelas y pastel de choclo en una casona de 160 años con un vagón de tren convertido en comedor: la clase de lugar donde la comida casera y el tiempo viejo se entienden perfectamente
martes: Cerrado
miércoles: Cerrado
jueves: Cerrado
viernes: 9:00–18:30
sábado: 9:00–19:00
domingo: 9:00–19:00
nublado
↓3° ↑11° 💧77%