El Embalse El Yeso es uno de esos lugares que se quedan: el agua es de un turquesa casi irreal, encuadrada por paredes de roca árida y, según la temporada, picos nevados que duplican su belleza en el reflejo del embalse. El momento cumbre llega cuando la mañana está en calma y la superficie actúa como espejo, pero incluso al mediodía, con viento, el color del agua sostiene el asombro. Llegar ya es parte de la experiencia: el camino es angosto, en gran parte de un solo carril, con tráfico en ambos sentidos y caída pronunciada hacia el agua, algo que no hay que tomar a la ligera. La saturación en fines de semana y feriados es un problema real: la ruta se convierte en una trampa logística de la que cuesta salir. Ir entre semana, temprano y con abrigo resuelve la mayor parte de lo que puede salir mal.
¡Mira esto! A dos mil quinientos metros, el agua turquesa del Yeso refleja la roca como un espejo que la montaña no esperaba. Silencio absoluto, aire que corta, y eso que ves en el horizonte es la razón real para subir
chubascos de nieve de poca intensidad
↓-2° ↑2° 💧76%