Last Hope Distillery es, sin exageración, uno de esos bares que redefinen lo que uno espera encontrar en un pueblo pequeño al fin del mundo. La experiencia arranca antes de sentarse: al cruzar la puerta, el staff te acerca un tasting de sus dos gins destilados en casa, el dry y el de calafate, esa baya patagónica que tiñe el cóctel de magenta y lo vuelve irrepetible. A las 17:30 hay tour gratuito por la destilería, conducido con humor y genuina pasión por el fundador australiano Matthew; cuarenta y cinco minutos que convierten una copa en una historia. Los cócteles de temporada rotan cada mes, la tabla con guanaco es generosa y los precios sorprenden hacia abajo. El único dato práctico que vale la pena interiorizar: el bar respeta su aforo con disciplina y la fila se forma rápido, así que llegar antes de las 17:30 no es un consejo, es la diferencia entre entrar o no.
El aforo se llena rápido y la fila se forma antes de las 17:30, así que llegar tarde es llegar afuera. Dicho eso: el tour gratuito con el fundador a esa hora convierte la visita en algo más que una copa, y el gin de calafate vale el viaje por sí solo
martes: Cerrado
miércoles: Cerrado
jueves: 20:00–1:00
viernes: 20:00–1:00
sábado: 20:00–1:00
domingo: Cerrado
llovizna
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